“La vida como en un cuento con final feliz”, por Rosa Molina Millán

Nunca es tarde para hacer lo que te gusta, pensaba, mientras me arreglaba para salir. Y es que, desde que decidí estudiar con el IEDA me sentía más contenta conmigo misma, más feliz en mi vida. Había sido sin duda un gran acierto.

Una voz desde el porche me hizo volver a la realidad, había quedado con David para ir al cine y aún tenía el portátil encendido.

-Nena ya estoy aquí, ¿Estás lista?

-Espera que tengo que enviar la tarea global. Será sólo un momento, le dije.

-Ya estamos con las dichosas tareas, pensaba David con desesperación.

Así transcurría mi día a día, entre entradas y salidas, entre idas y venidas, entre encuentros y despedidas, disfrutando de la libertad de quien controla su tiempo y sus horarios. De pronto acompañada, de pronto sola pero cuando llegaba a mi habitación, allí estaba mi ‘peque’, así llamaba a mi pequeño portátil que en los últimos tiempos se había convertido en indispensable para mí.

Y es que era como ese libro mágico de los cuentos que al abrirlo te lleva a un mundo nuevo, como a Alicia en su país de maravillas o a Dorothy en el mundo de Oz. A mí me llevaba a un lugar más cercano, a un instituto virtual, y así como en los cuentos me hacía soñar con la posibilidad de ver algún día mis sueños cumplidos de poder dedicarme a lo que quería hacer.

Como todos los centros de enseñanza, el mío también tenía su cafetería para chatear, su tablón de anuncios con las noticias importantes, el aula de tutoría, y por supuesto las clases con los compañeros de curso y los profesores. Estos últimos, seres como hadas, que están ahí para darte ánimos, para motivarte con cada tarea, siempre con comentarios positivos y dispuestos a ayudarte en cualquier problema que te surja.

Y colorín, colorado, como acaban los cuentos con final feliz, este también termina como la cenicienta que harta de los trabajos que nadie quería conseguía el amor del príncipe, solo que esta vez, en vez de príncipe es un título lo que se obtiene. La llave mágica para el trabajo deseado.
Luego volviendo a la realidad, lejos los cuentos, la vida de este mundo te llevará por los caminos que tengamos que caminar, y si bien nunca se sabe lo que pasará, también es cierto que serán nuestras decisiones las que harán ese camino, y…

-Pero nena que te estoy esperando aquí abajo, ¡Todavía estás con eso! No me lo puedo creer…

-Ya voy, ya voy, un segundo que apago el portátil y listo.

Como decía…serán nuestras decisiones las que harán ese camino, y yo puedo decir para que todos lo sepan que fui muy feliz eligiendo el camino del IEDA.

Ahora sí, y fueron felices y se fueron juntos al cine.

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