“Hija, querer es poder”, por Macarena Arco Hidalgo

Ahora, después de estos 3 años, no me imagino mi vida de otra manera. El cambio en ella ha sido tal, que me cuesta expresarlo con palabras. Quizás sea complicado, difícil o diferente el hecho de contar una historia así, pero no sé. Al menos voy a intentarlo.

 

Plenitud, alegría, felicidad, armonía. Esas son algunas de las palabras que pueden hacer más tangible mi sentimiento. Ese sentimiento de autorrealización en la pirámide de Maslow. Mi sentimiento indescriptible al haber podido conseguir, gracias a mi esfuerzo, ser la persona que siempre quise en la vida. El haber encontrado mi lugar.

 

A diario, cada mañana que iba al trabajo, me planteaba la cuestión de estudiar a distancia. Pensaba en aquellas personas que están sin trabajo y lo hacían; bien por gusto o más bien por necesidad de encontrar un empleo. Pero también pensaba en mi situación y en la pregunta que cada día ocupaba mi pensamiento. Yo tengo trabajo, por suerte, y me encuentro muy feliz en él. ¿Por qué la cuestión de estudiar a distancia aparecía cada mañana en mi cabeza? Si se estudia para conseguir empleo y yo ya tengo el mío… ¿Por qué esa pregunta? ¿Por qué estudiar? ¿Por qué a distancia? ¿Para qué?

 

Había momentos en los que llegué a plantearme más el por qué y el para qué, que el propio hecho de comenzar a estudiar a distancia. Hasta que llegó aquel día que aún recuerdo como si fuese ayer. Aquel día en el que realmente me di cuenta de que no todo en esta vida tiene un por qué. Aquel día en el que decidí dejarme llevar por lo que deseaba. Aquel día en el que, a pesar de estar trabajando, a pesar de no tener apenas tiempo; decidí estudiar a distancia.

 

Por supuesto, yo era consciente del poco tiempo que tenía, ya que mi trabajo ocupaba la gran mayoría de él. Pero esto fue lo que menos me importó. Sabía que había muchísimas personas que tenían más tiempo que yo para dedicarle a los estudios, pero nada de esto influyó en mi decisión de estudiar a distancia.

 

Sentí gran ilusión cuando me matriculé en las primeras asignaturas. Era como si, por un momento, hubiese vuelto a la adolescencia. Esa etapa en la que mi madre me decía: “Hija, querer es poder”. Cada vez que recuerdo esa frase, se arquean mis labios dibujando una leve sonrisa.

 

Y ahora ha sido cuando le he encontrado el verdadero sentido a esa frase que me decía mi madre. Ahora.

 

Ahora, como decía al principio, no me imagino mi vida de otra manera.

 

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