“Esperanzas renovadas”, por Mª Ascensión Villar Fernández

El pequeño Pablo irrumpe en la habitación de pronto, sin previo aviso. Aún a través de la pantalla, se pueden adivinar las ojeras fruto de un mal sueño.

-Cariño, mamá está trabajando- susurra en un tono dulce Elisa.

Pablo protesta y se aferra a su madre como si yo quisiera arrebatársela.

-Espera, lo llevo a casa de mi vecina …
-Vale- le contesto-, me repaso mientras la conversación.

Ya de vuelta, me explica que Pablo no ha pegado ojo. Lleva un par de días con fiebre y no logra conciliar el sueño. Entonces, me doy cuenta de que también Elisa tiene algo distinto en su rostro, los ojos como apagados. Será de la mala noche que le ha dado Pablo.

-Si quieres lo dejamos para mañana-le comento.
-No, no, si mi vecina se queda con el chico encantada. Venga, empiezo con nuestro diálogo-me insiste.

Practicamos un par de veces. Veo que todo el cansancio que hace unos minutos reflejaba su rosto, ha parecido esfumarse. La ilusión de ver que al final nos sale el diálogo con tal naturalidad le borra cualquier resquicio de preocupación.

-Venga, un par de veces más- le digo.

Ahora las dos reímos cuando, en nuestro diálogo, se nos atraganta alguna palabra en alemán. La risa desenfadada se repite cuando a mí se me escapa una frase en el lugar equivocado.

-Bueno, parece que ya estamos saturadas. ¿Nos conectamos mañana un poquito antes del examen?- le pregunto
-Sí, y ya configuramos también Elluminate juntas. ¿Vas a seguir ahora estudiando?- me pregunta inquieta
-Qué va, me voy corriendo a clase.
-Venga, que vaya bien “compi”. Yo voy a recoger a Pablo y me lo llevo un poco al parque.
-¡Bueno, nos vemos mañana!- le respondo mientras termino de preparar las cosas de clase.

Mientras se apaga el ordenador me doy cuenta de que tengo una sonrisa dibujada en la cara. Sé que, aunque Elisa se vaya al parque ahora, esta noche estará absorta en la página del IEDA. Skype se ha convertido en nuestra rutina. Nuestro ratito para abstraernos y practicar alemán, comentar cómo llevamos las distintas tareas, nuestras dudas y notas. Me cuenta divertida que tiene la cocina llena de post-it con las palabras y frases que le cuestan más. Que sus hijos se burlan de ella cuando va por la casa pronunciando en voz alta.

Para ella, IEDA ha supuesto encontrar una actividad que le hace sentirse útil, a la vez que suple ese tiempo vacío que llegó desde que no tiene trabajo. Para mí, ha significado una nueva forma de enseñanza. Enseñanza que requiere un esfuerzo y una constancia adicional. Ha supuesto empezar a estudiar un idioma nuevo de forma autodidacta. Y que cada día espere que el icono de Skype pase a verde. Entonces, ambas sabremos que ese rato es nuestro, para aprender y formarnos, pero también nuestro tiempo de desconexión del mundo para, simplemente, contarnos cómo nos ha ido el día.

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