“Aguardando ese momento”, por Mónica Moya Romero

Asomada entre sábanas, mantas deshechas, sólo se ven dos pupilas temblorosas moverse de un lado hacia otro, de arriba abajo, observan a 360 grados. El móvil no suena. El dulce y tormentoso sonido de la alarma no suena. Mira el reloj. Se esconde. La nariz es un trozo de hielo, pero necesita respirar. Cierra los ojos. Es una pelea continua por dibujar en su mente un campo de flores, una tarde de besos, un viaje a Hallstat sin abrir los ojos. Abre los ojos. Mira hacia la puerta cerrada con llave y cerrojo. Mira el reloj. Ha pasado un minuto. Un perpetuo minuto. El calor asedia su cuello, su rostro. El sudor empieza a impregnarla. El silencio…qué frío es el silencio sin un rayo de luz natural…
Cierra los ojos. ¡¿Qué es eso?! Abre los ojos. Hay un pasillo, un pasadizo tétrico, lúgubre y oscuro desde su habitación hasta el salón. ¿Es allí ese estampido?

Ahora suena algo más fuerte, como un zumbido impetuoso en sus oídos. Son contundentes golpes internos que recorren cada milímetro de su piel y retumban finalmente en sus oídos. Es su corazón acelerado, receloso de escuchar, de tanto observar. Ya no se oye nada. Cierra los ojos. Busca el silencio hermoso, cálido, naranja; esa brisa de liberación que te roza cuando es de día. El silencio es hermoso cuando hay rayos de luz a través de la ventana…

Abre los ojos. Por fin se hace de día. Ese destello ha traspasado el cristal. El aire se adentra en ella como si de un globo se tratara. Se siente casi explosionar de tanto oxígeno, los ojos empujan para abrirse sin querer de par en par. Qué hermoso es el silencio con luz natural…

Abre la ventana y es el frío el que rompe en sus ojos cansados. Sale corriendo a través del candente y acogedor pasillo hasta el salón, sigue hasta la cocina y come una naranja. Vuelve hacia el salón. Qué frío hace al otro lado de esa gélida ventana. Mira a su portátil como si se tratara de su única compañía. Es su única compañía. Lo abre cuidadosamente y se sienta contemplando el vaho a través de aquel cristal. Qué hermoso es el silencio…

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