“Una tarde con el IEDA”, por Francisco Moreno Salas

La fría tarde otoñal invita a quedarse en casa al calor de la chimenea. Sentado frente al escritorio, observo tras los cristales las ocres hojas de los álamos que el viento arrastra, mientras se oscurece el cielo cubierto de inmensos nubarrones negros. Por la empedrada calle se oyen los pasos de algún viandante, que se van diluyendo a medida que se aleja;  de repente se ha hecho la oscuridad, que se ve interrumpida por el deslumbrante destello de un enorme rayo que ilumina la plaza donde ya no juegan los chiquillos y el silencio se quiebra con el ensordecedor trueno que anuncia que la tormenta no anda lejos y comienzan a caer leves gotas, que inmediatamente van aumentando de tamaño hasta convertirse en un importante aguacero. A lo lejos, una pareja de enamorados abandona precipitadamente el banco de la plaza y se refugia en el primer zaguán que encuentra abierto, mientras un embriagador olor a tierra mojada lo invade todo; ya es noche cerrada y llueve torrencialmente con un persistente repiqueteo  de las gotas de lluvia en los adoquines, interrumpido a intervalos por las campanadas del reloj de la torre de la iglesia que llama a los vecinos al rezo del rosario.

Comienzo a accionar las teclas del ordenador, cuyo sonido se acompasa con el golpeo de las gotas de lluvia en los cristales, saboreando una taza de café bien caliente, mientras en la habitación contigua, una suave y dulce melodía de violines, confiere a la tarde un aire íntimo y melancólico.

 

Frente al ordenador voy entrando en la historia del mundo y las civilizaciones, otras veces, recordando los verbos y expresiones de lengua e inglés y en otras ampliando mi corta cultura informática, adquiriendo nuevos conocimientos en definitiva, rememorando días lejanos en los que, siendo niño, asistía a la escuela; aquella que un día dejé para iniciar mi trayectoria laboral, que me ha mantenido lejos de las aulas y que ahora recupero con este formato tan inusual y novedoso que las tecnologías hacen posible y que permiten adecuar mejor el trabajo y ratos libres, sin los inconvenientes de los desplazamientos a los centros de estudio, lo que aumentaría el tiempo de dedicación al aprendizaje, este que tan escaso se nos presenta cuando compaginamos vida laboral y familiar.

Hoy ha sido una tarde especial por las circunstancias acontecidas, otras veces, en tarde soleada, es mas duro quedarse a estudiar, tal como ocurría de niño, pero con la ventaja de los estudios a distancia, puedes continuar por la noche o en la madrugada, en los días que el sueño no llega, hasta que éste te rinda, o en cualquier otro momento que te venga bien.

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